Las voces no deben ser medidas por lo bonitas que sean. Sino sólamente si cuentan la verdad DYLAN

martes, 4 de noviembre de 2014

7:20

El de las siete y veinte es el primer AVE de la mañana que te permite dormir de manera relativa y llegar a Barna relativamente pronto. Es el tren relativo. Cuando lo has perdido por unos segundos, La única opción es el de las siete treinta, que parece lo mismo pero no lo es. Son como dos trenes de vidas parecidas, destinadas a llegar al mismo punto pero que toman caminos diferentes y paran en lugares diferentes.


La vida te la cambia un tren, o el tiempo. No es igual ser de norte o de sur, la lluvia semanal o la playa de marzo. Te la cambia el segundo que decides hablar o callar, el lugar que tomas en el metro o la llamada que dejaste en espera. Hay una vida después de la vida, antes de ella, y otra que fluye en paralelo a tus decisiones, como los viajes en el tiempo. Durante un tiempo, hasta eres capaz de imaginar que habría sido de ella si hubieras tomado ese camino hasta que empieza a difuminarse en la ramificación infinita de opciones y la pierdes de vista.
También hay días que tu única decisión es no decidir, acabar con la ruina mental permanente, la perpetuidad del mal rollo o las palabras armadas. La vacuidad de la mente y el cuerpo para hacer sitio a la visión de dos organismos en reproducción celular y al descanso del guerrero. Un martes bajo control, una sonrisa. El tren de las siete treinta.


"Rezaré lo que sepa después de que salten las ratas... Porque te llevo en el corazòn"

Quique González 

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