La mujer que se conoce hoy,
ahora que la piel y el ceño se arruga,
y llega tarde a sí misma, o no llega.
Es la mujer que no se vio nunca en su reflejo,
la que caminaba a la sombra, la que se dolía,
oculta entre las máscaras de la media naranja,
la cobardía.
Esa mujer que todas fuimos pero ninguna,
fuimos la que nos contaron los cuentos,
la voz dulce, el tono conciliado,
las estrías bajo la braga.
La mujer que se arruga pero se atisba,
ahora que el murmullo le suda las manos,
y llega tarde a sí misma, y qué coño.
Para los que no se quedaron.
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