Las voces no deben ser medidas por lo bonitas que sean. Sino sólamente si cuentan la verdad DYLAN

miércoles, 16 de marzo de 2016

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Más razones para vivir la vida.


1. El Vinyasa Ashtanga yoga. Te cambia la vida. el cuerpo, la voz interior.
2. Los duques de Windsor de Richard Avedon de 1957 . Contar sin hablar la indigna personalidad de la aristocracia que odia al ser humano.

Los duques de Windsor de Richard Avedon

3. EL vino Cruceiro Rexio de Ribeira Sacra. Casero, barato, exquisito y placentero.
4. Las vueltas de tuerca con los buenos amigos. Lo que tiene que ser es, se fortalece y se mejora, se supera y se aprende, se valora, se empieza, se perdona, se suma, se perfecciona. Casi rozamos algo demasiado bueno, querida.
5. Las pausas. Respirar. Morderte la lengua y dejarlo pasar para diez segundos después caer en la cuenta de que no te acuerdas. Maravillas del control.
6. La calefacción central de Madrid y las casas que la poseen. Resquicios del tiempo pasado que fue mejor. Benditos aquellos que la tienen y sus facturas.
7. Una madre. Haberla conocido y seguir teniéndola. Un punto 7 que siempre es un 1. No dejar nunca de conocerla.
8. Las incontinencias verbales.
9. Mies van der Rohe. Menos es más.
10. Los artistas. Miradas que ven el mundo que admiras o rechazas. Los cojones de contarlo a tu manera.
11.  El Lazarus de Bowie publicado poco antes de morir.  Un testamento musical del que sabe que va a morir con las botas puestas.
12. Milos. La isla griega a la que quiero volver.
13. Las casas de subastas extranjeras y la posibilidad de mirar y mirar y mirar.
14. Las primadas. Las familias que se eligen y se conocen poco a poco, en reuniones espaciadas y deseadas.
15. Las cortinas de puerta de macramé.

LOS PANES Y LOS PECES


El primer corte apenas duró, una quimera,
La  latencia de lo que no te ha pasado todavía,
Superficial, en el límite.
Conversaciones  a la espera, contenidas en las comisuras, latentes.
El miedo y su expectativa. Los panes y los peces de tu vino,
Humo entre paredes rojas y los espías de tus pupilas, todo el calor.
Ese sonido entumecido de lo que callas.
Y desconocerte, aun, todavía. 
La contención de lo que no puede ser, la sala de espera de tus ruedas.
La regresión de lo peor por venir, esa penúltima parada. El silencio tecnológico.
Incómodas mis teclas,
Oscuras tus pausas.
La neblina del ojo cerrado. La ebullición, mis callos,
Sin la coartada perfecta.