Las voces no deben ser medidas por lo bonitas que sean. Sino sólamente si cuentan la verdad DYLAN

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Basta

Los miércoles que son jueves,
la espera erizada de la alegría programada.
El letargo de las horas dilatadas.
Sobrepuesta al futuro y la expectativa.
El presente continuo y perfecto.
Entra y sal cuando llegue tu hora.
Que tu respiración basta.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

1:32

Hay imsomnios para el silencio autoinflinfido.
La pausa. Para el adiós programado.
Vivir y elegir. Elegir vivir. Quemarse entre canciones.
Un abrazo.
No hay despedida para la que nunca dijo hasta siempre.
La mueca en la tristeza. La alegría autómata.
La felicidad sintética.
Y es así, aún,
Qué me ves sin verte.
Y te sonrío.

martes, 11 de septiembre de 2018

Borradores

Borradores
QUIZÁ, EN SU MANERA INACABADA, RADICA SU BELLEZA…

1.        
La pausa que precede al camino,
El ocaso del bar de la esquina, la calma rota.
Los desdichos del que habla y no vino,
El domingo que te engaña con otra.
EL fin de lo que no empieza,
las fuerzas opuestas del altavoz,
la cruz de la cara,
El camino de regreso, la vuelta a empezar,
el suspiro entrecortado del cajón.
Tu agenda imposible de tensión del viernes,
sin saber volver a volver,
aprendiendo a abrazar.

2.        
El letargo olvidado de nuestro verano,
El incierto color de nuestra madrugada.
La luz del que mira y ve,
esta sonrisa que no es tuya y crece,
y fluye suave de mi mano
otro camino, inspirando, inspirada. 

3.        
REPLICA A GARCÍA MONTERIO
ÉL contó…Por la cerveza y el queso,
los ojos que se encuentras en terrazas,
se cierran en 
por los cristales limpios, por la mesa
sin papeles, libretas ni bolígrafos,
por los sillones sin periódicos,
quien se acerque a mi casa
puede encontrar un día
completamente viernes.

Y ELLA dijo: Regados en cerveza, y el fin del verano,
Los ojos que se comen en las terrazas, 
Se secan en
Entre polémicas medidas, por los humos,
Sin billetes, ni amor, ni vicios, 
Por las sillas sin extractores,
Quien se llegue a la plaza
Puede encontrar un pulmón
Completamente candente.

4.
No hay spotify, ni cocido lebaniego,
o mar cantábrico que te llene.
La pesadez ingrávida de la pena permanente,
el corazón solitario, el amor de un solo individuo.
La pausa entre los segundos.
El contacto ausente, el colchón de noventa.

5.
Ayer, esta chica me dijo que debía desear cosas más bonitas. Si hubiera querido haberle dedicado tiempo a la respuesta le habría dicho que me estoy desprendiendo de la belleza, que me duele la búsqueda constante, la fragilidad de sus tiempos. Quisiera haberle dicho que ya aprendí que la esperanza te muerde el ánimo y los sábados y que el deseo de romanticismo y éxito me ha costado dos horas de sueño al día y una amistad en la farmacia. Quisiera haberle dicho que era naif e imprudente por juzgar los deseos ajenos pero no quise limitar su aventura en el tiempo, en los golpes que duelen y enseñan y curten. A punto estuvo de dolerme, de ofenderme pero no quise desear bellas palabras y halagos con cariño. La dejé estar, en su filosofía del positivismo activo. La dejé sin que pudiera rozarme el estado de ánimo y la lagrima fácil. 
6. 
Era otro de esos días en los que prefería solo mirarle, en los que sobraban palabras, confusas o inciertas, que venían seguidas de malos entendidos. Había aprendido que la mejor conversación era la que no se tenía, porque hacía mucho que con las mismas palabras, decían cosas distintas. 
No había mensaje que dicho en su boca, los oídos ajenos comprendieran. Y con esta premisa decidió callar, y buscar nuevos lenguajes en sus ojos, en sus manos, en las madrugadas de un solo cuerpo en el sofá, en los pies fríos que ya no se tocaban. Y eligió el silencio como el mayor de los males menores. 
Pensaba dejarse llevar, dejarlo estar con la falta de información y el solitario sonido de la nevera. No conocía el vacio de esta conexión con un cuerpo que nada decía, que nada sentía. Ya no oía sus pensamientos o sus latidos, ni debía preguntarle por sus ganas de café o esperar sus yo también te quiero. Había acabado de ser una mitad de algo más grande. Era otro de esos días en los que levantas con alguien menos de los tuyos respirando y la percepción secuestrada por la idea de una vida más corta. Había un domingo pero no tuvo nada. 

7.
Hay días que nacen oscuros,
aciagos, melancólicos,
marinados en cólicos y gargantas secas.
Lunes cíclicos y viejos recuerdos.
De televisión como extraña pareja. 

8.
Perderse hoy y olvidar que llegaste perdido

tragar el ansia de vivir en pie de guerra,

cerrar los ojos y no dormir , ser lo que no has sido,

echar más leña al fuego o cuerpo a tierra.

Bienvenida al nuevo mundo ahora quebrada

Y conoce otro reverso de esta arritmia,

Pararme los pies, hervirme, y cara lavada,
Redoblar el corazon, juegos de alquimia.
Hubo un día futuro donde mecer la pena
Salvaconductos dibujados con cerveza
Y un viernes, ese viernes, que no llega. 

Volver a saltarte la cama y la cena
Ventilar de sonetos esta cabeza
Y un domingo, y esa pena,  que se pega.

El final es tuyo



Yo lo que quiero es que no quieras,
que elijas quedarte con lo que no puede ser,
con la enredadera en el estómago
con la sorpresa de este incendio.
Yo lo que quiero es la extinción del lado oscuro de tu cama.
Los gemidos contenidos, la nevera del sexo, la abstinencia firmada.
Que te falte y que te te duelan los conductos, y tiemblen tus manos
y las fundas nórdicas.
Yo lo que quiero es que no quieras,
que camines por las baldosas amarillas del tejado.
Con las llama en las pupilas.
Y en mi defensa, sabes que es tiempo ganado.
Yo lo que quiero es que no puedas oírme decírtelo,
gritártelo, imaginarlo en el mapa del móvil.
Mover la sinrazón un poco cada día,
hasta que digas que no.
Y que muera, y lo enterremos.
Y tú me contestas
 para que vuelva a surgir.


lunes, 10 de septiembre de 2018

modelo cosmológico

A veces, la vida pasa y se queda, y te trae.
Viene como la tormenta perfecta y te arranca del suelo, te voltea la voz,
El piel, la memoria, las entrañas.  
El rostro conocido que ya no es, y siempre estuvo en tu ausencia.
Porque no estabas.
La música de los ojos que se hablan, ese concierto.
Bastaba con vestirse de domingo y la tez desnuda
Y mirar hacia arriba
Con las ganas puestas y abiertas las manos
Sentarse en el asiento derecho del coche,
Abrazar el deseo y los machos
Y sonreír al sol que vimos ponerse por vez primera.
Porque cuando te abrí la puerta y llevabas vestida la sonrisa
Nació el big bang.