A veces, la vida pasa y se queda, y te trae.
Viene como la tormenta perfecta y te arranca del suelo, te
voltea la voz,
El piel, la memoria, las entrañas.
El rostro conocido que ya no es, y siempre estuvo en tu
ausencia.
Porque no estabas.
La música de los ojos que se hablan, ese concierto.
Bastaba con vestirse de domingo y la tez desnuda
Y mirar hacia arriba
Con las ganas puestas y abiertas las manos
Sentarse en el asiento derecho del coche,
Abrazar el deseo y los machos
Y sonreír al sol que vimos ponerse por vez primera.
Porque cuando te abrí la puerta y llevabas vestida la
sonrisa
Nació el big bang.
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